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Ela como pecado


Como principio general, no hay derecho a entrometerse en las obligaciones que una religión impone a sus fieles. Quien no esté de acuerdo, tiene la libertad de marcharse, y, antes, la de no entrar. Los laicos no deben escandalizarse porque los obispos execren del divorcio, de la despenalización del aborto o de los curas que quieren casarse. Si quieres ser católico, no te divorcies; si quieres divorciarte, hazte protestante. Solo se puede protestar cuando la Iglesia católica pretenda impedir que se divorcie alguien que no es católico, o predica la insumisión ante una ley que protege derechos, no los impone.

Pero, muchas veces, la "ideología del apartheid",como la llama Margarita Pintos, "no solo toca a la institución vaticana, sino que refuerza imágenes de lo masculino y de lo femenino que el patriarcado social ha impuesto con la ayuda del cristianismo". Pintos concluye que es ese "apartheidantropológico" quien contribuye a mantener y a reforzar la marginación, el desprecio e, incluso, la violencia contra las mujeres.

A trampa de dar por bo o debate



Abrir el debate de la reforma laboral fue hace ya varios meses el primer gran éxito de la CEOE y del Gobierno tras el estallido de la crisis.
Poco a poco, el debate sobre la ¿necesaria? reforma laboral se ha generalizado a pesar de que cualquiera que esté mínimamente informado sabe a ciencia cierta que esa reforma es económicamente absurda porque no ataca las causas de la crisis, que son de origen financiero, ni tampoco pone coto al desorden en el que viven y se enriquecen quienes la generaron. Más claro: entrar en "el debate de lo que es necesario" equivale, en rigor, a aceptar que una reforma ajena al origen de los problemas puede corregir errores o restañar heridas. En definitiva, se aceptó la falacia de que todos somos responsables de la crisis.

Félix Soria no seu blogue Im-pulso