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El naufragio del hombre


Si entre espetos de sardinas, novelas policiacas y expertos de pacotilla que pueblan los medios escritos y audiovisuales, hubiera un lugar, que no tiene por qué ser demasiado grande, para la reflexión y para eso que llaman compromiso, y que para mí consiste tan sólo en tratar de entender una mijita el mundo que habitamos y obrar en consecuencia, les recomiendo un excelente libro, El naufragio del hombre (Hiru), pequeño para no cansar demasiado, de Santiago Alba Rico y Carlos F. Liria, escritores, enseñantes, intelectuales en el mejor sentido del término, pensadores de izquierdas, heterodoxos y guionistas in illo tempore de La bola de cristal.

Dice Alba Rico que el capitalismo ha llevado al hambre a todos los humanos del planeta: “Está el hambre de los que no tienen nada y el hambre de los que nunca tienen suficiente; el hambre de los que quieren algo y el hambre de los que quieren más: más carne, más petróleo, más automóviles, más teléfonos móviles, más imágenes, más juguetes y -también- una moralidad superior”. Algunas tesis puede que sean discutibles. Incluso es posible no estar de acuerdo con alguna de ellas. No importa. Los textos te obligan a pensar, lo cual en los tiempos que corren, de consumo rapidísimo de casi todo, y de que te vendan ese casi todo precocinado, preelaborado y preestablecido, para que no tengas que esforzarte lo más mínimo, es un ejercicio saludable y altamente recomendable.

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Otra política es posible

Es ya un clásico la escena en que el pistolero encañona a su víctima y le obliga a cavar una fosa. La víctima sabe, aunque lo calle, que esa fosa está destinada a recoger su cuerpo tiroteado. El parecido con la realidad no es pura coincidencia. El gobierno socialista se está cavando su propia fosa. Los pistoleros de los mercados le están apuntando directamente y en lugar de revolverse contra ellos, con una masa de aliados a su espalda que echaría para atrás a los golpistas de las bolsas, o se acojona, o se piensa que la fosa tiene otro destinatario, o no cree en las posibilidades de hacerles frente, ni con aliados ni sin aliados que valga.

En estos momentos, otra política es posible. Hay que decirlo bien clarito. Otra política, que no es revolucionaria, que simplemente tendría tintes socialdemócratas, y que desde luego no tiene nada que ver con la que preconiza el PSOE ni por supuesto con la del PP, que haría exactamente igual o peor, diga lo que diga ahora para presentarse como el partido de los pensionistas.

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¿Quien paga el pato?

Tienen los telediarios contados con los dedos de una mano. Sin hechos, pero sobre todo sin discurso social, por mucho antifranquismo que consigan aglutinar (que tampoco es para tanto), sus aliados tradicionales están renegando en estos momentos y jurando en arameo, bable o andaluz.

Con todo, lo peor, insisto es que paguen el pato pensionistas y la ayuda al desarrollo. Con esta reducción no sólo se pone un obstáculo más al cumplimiento de los objetivos del milenio, sino que se condena a un montón de gente a la indigencia en el corto plazo. Gente de carne y hueso, no en abstracto, que cargará con el castigo que debió aplicarse a otros, no en abstracto, sino con personalidad física y jurídica notoriamente conocida.

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Sabios



La pregunta es pertinente a propósito del sanedrín de “sabios”, encabezado por el ex presidente Felipe González, y de sus propuestas para adoptar cambios y reformas en Europa. Quien haya leído las informaciones se habrá percatado de que los consejos, advertencias y recomendaciones son para “mantener una posición fuerte y competitiva en el mundo”. No para que la gente sea más feliz, trabaje menos, disfrute más de la vida, del ocio y tenga más derechos sociales y más expectativas de bienestar. No. La cuestión, como siempre, es que hay que reformar, flexibilizar, el mercado de trabajo, modernizar el funcionamiento de las empresas para permitir que Europa siga siendo competitiva, prolongar la vida activa aumentando la edad de jubilación real y legal, atraer sólo a los inmigrantes “presentables” (ellos los llaman más cualificados, con más talento y más motivados), descartando a la “chusma” que, sensu contrario, se derivaría de su recomendación…

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